Los Hijos de Hidalgo

Beatriz Salcedo-Strumpf

El joven recibe la misteriosa misiva muy temprano en la madrugada, le han tocado la ventana sigilosamente y la avisan que hay correo, toma la carta y agradece al mensajero que sale corriendo calle abajo. Pasa el pestillo. Antes de abrir la misiva trata de reconocer esa letra desconocida que escribe su nombre con esmerada caligrafía gótica: Joaquín Hidalgo Lucero. Nunca la había visto; quita el lacre con creciente curiosidad y lee:

Ciudad de Chihuahua, 28 de julio de 1811

Joaquín: Ha llegado el tiempo justo para conocernos y platicar de lo que nos interesa y preocupa a ambos. Te espero mañana a las ocho de la mañana en el atrio de la Parroquia del Sagrario.

Tu hermano, Mariano Lino

No se asombra, sabe que el encuentro debió haber sucedido hace ya un año, pero no tenía forma de contactar ni a sus hermanos ni a su padre. Dependía de ellos. Los tiempos eran muy confusos y no se podía confiar en nadie, así que preguntar e indagar por la suerte de su padre, capturado, enjuiciado y condenado a muerte por los realistas, además de imposible era poco menos que un suicidio.

En la húmeda claridad de la mañana siguiente, espera puntual a ese hermano mayor del que conocía su existencia pero nunca había visto. Presiente que lo reconocerá de inmediato.

Entre los pocos fieles que pasan a su lado, lo ve venir; cierta cadencia al caminar, la cabeza erguida, la frente amplia, y la verde mirada astuta que heredó de su padre.

─Joaquín, por fin, nos conocemos y lamento que sea bajo estas condiciones. ¿Sabes que nuestro padre será ejecutado pasado mañana, a las siete de la mañana?

─No sabía la hora, pero debemos concertar una cita con el obispo, ya que la iglesia

prohibe fusilar a los sacerdotes.

─Lo sé Mariano, pero no podemos hacer nada, nuestro padre fue traicionado precisamente por su amigo el obispo Manuel Abad. Él ha confirmado que papá y sus seguidores han perturbado la paz pública y por eso han sido excomulgados. Nuestro padre se encuentra prisionero con otros insurgentes desde abril. Primero, fueron llevados a la norias de Acatita y de ahí fue traído a Chihuahua en donde se ha decidido su fusilamiento.

─Joaquín, tenemos que resignarnos con valentía a la muerte de nuestro admirable padre. Dudo, por lo que ya se decidió, que podamos hacer algo para salvarlo. Lo único que nos queda por hacer es presenciar su muerte con dignidad, dejarle saber que estamos con él.

Los hermanos se abrazaron con emoción indescriptible, ante la mirada impávida de los transeúntes, poco acostumbrados a muestras efusivas de afecto entre dos hombres.

Miguel Hidalgo, fue una presencia magnánima, amorosa y diligente en sus vidas. Joaquín asocia su imagen infantil con el aroma del café con leche y las tortillas que su fallecida madre preparaba al desayuno.

Cuando niño, recuerda verlos a ambos, felices y enamorados en la mesa de la cocina, charlando con animación alrededor del café humeante, endulzado con miel o arequipe, su padre trataba a su madre de igual a igual, como a una amiga, y sostenían sabias conversaciones sobre el manejo del pueblo o sucesos que ocurrían en la parroquia.

Su padre Miguel era un cura de mucho carácter y temperamento que odiaba la injusticia y que tuvo siempre, a lo largo de toda su labor pastoral, encuentros y enfrentamientos de mucho cuidado con señores de la tierra acostumbrados a explotar y maltratar a los indígenas como animales de carga. Peor que animales de carga porque muchas veces los cerdos y ganado vacuno recibían mejor trato que los peones y lacayos.

En sus misas domingueras, a las que Joaquín asistía sin falta, Miguel Hidalgo exhortaba a los parroquianos una y otra vez acerca de la igualdad entre los hombres, invitaba a la comunidad a trabajar hombro con hombro para sacar la cosecha de la tierra, para enfrentar los desastres naturales, la sequía, las inundaciones, la carestía de alimentos básicos, los caminos destapados, el peligro de las pestes que azotaban a la población inmisericordemente durante ciclos de muerte y dolor.

Fue de los primeros que habló públicamente del derecho a la vida de los indígenas, del derecho a que poseyeran la tierra que trabajaban, de la igualdad entre hombres y mujeres. Miguel era un hombre muy ilustrado y poco común para su entorno y su época, que se mantenía al día en las últimas ideas filosóficas de la ilustración y el enciclopedismo gracias a amigos que le hacían llegar vía España de noticias y libros de las corrientes europeas más novedosas.

No era su padre el sacerdote típico, imbuido de un Dios inmaterial y frío y lejano, para Miguel Hidalgo la justicia de Dios debía comenzar en la tierra, porque la promesa de ese Reino era muy lejana y carecía de sentido por si misma, cuando él tenía que asistir a tantos niños hambrientos y tanta injusticia clamando en las calles.

El amor de Miguel Hidalgo por las causas justas era algo visceral en él, instintivo, era la médula espinal de su vida por su labor como pastor de almas. Siempre se esforzó en que sus hijos tuviesen acceso a leer libros y a comprometerse con la vida y el entorno que los rodeaba.

Durante mucho tiempo Joaquin dejó de verlo. Su correría pastoral lo alejó de la casa de su madre, se enteró luego de que tenía más hermanos. Y aunque la amistad entre sus padres desapareció a raíz de esto, él no dejo nunca de sentir amor y respeto por Miguel ni de recibir su consejo y cariño. Ya no volvió a ver a su padre conversando con su madre animadamente en la mesa de la cocina, pero sí se aparecía por casa de tanto en tanto, trayendo provisiones, libros y noticias.

En una oportunidad le preguntó Joaquín acerca de la discrepancia entre ser sacerdote y haber tenido familia, y su padre le respondió con una gran sonrisa de oreja a oreja y total seguridad y palabras precisas, como si las hubiera meditado por mucho tiempo esperando la pregunta de Joaquín:

─ Hijo, yo soy un instrumento de Dios pero también soy un hombre, y bajo la sotana llevo pantalones. Cuando me ordené lo hice con todo el amor hacia nuestro señor Jesucristo y con el compromiso de preparar la segunda venida del hijo del hombre a la tierra, pero no puedo luchar contra el amor que el mismo Dios puso en mi corazón hacia tu madre. Tú fuiste procreado por amor, no lo dudes nunca. Si no abandono mi labor en la iglesia es por la gran responsabilidad que tengo con la gente. ¿Si yo no les ayudo quien lo hará? Mis compañeros de sacerdocio son en su mayoría gente negligente, corrupta e indiferente al dolor del pueblo. Además desde el púlpito soy escuchado y respetado, y estoy cansado de tanto abuso y de tanta maldad. Sé que algo está hirviendo como un caldero a punto de reventar, no puedo dejar precisamente ahora mi labor.

Joaquín supo de la revuelta de independencia cuando estaba preparando maletas para irse a España a estudiar leyes, e hizo todo lo posible por unirse a su padre y apoyarlo, pero no pudo hacerlo directamente, pues cuando llegaba a un sitio ya su padre había salido para el siguiente. Esa gesta mexicana estuvo llena de pánico y de confusión, la mayoría del pueblo no tenía claro por qué se luchaba ni contra quien. Pues igual si los franceses habían invadido España y habían depuesto al rey, para el mexicano común de a pie, nada cambiaba, era el cambio de una correa por otra correa, pero era tanta la rabia acumulada por tantos años de explotación y de dolor, que muchos se alzaban en armas porque sea como sea, la situación era tan mala que cualquier cambio, por pequeño que fuera, seria positivo.

Las noticias sobre Miguel Hidalgo eran siempre confusas y contradictorias, veinte veces le llegó a Joaquín la noticia de que su padre había muerto, que había sido fusilado, que había quemado una iglesia llena de realistas, que tenía pacto con el diablo y desaparecía ante el tiro de sus enemigos, que se había escapado para el norte vestido de india, en fin, que cuando  llegó la noticia de que finalmente iba a ser fusilado, no terminó de creerlo porque mil veces antes le habían dicho lo mismo.

Indagó sobre la posibilidad de verle en la cárcel y fue imposible, y carecía del dinero necesario para sobornar la guardia, el reo estaba condenado y las visitas estaban prohibidas porque se podía planear una trama de escape, y el castigo debía ser ejemplar.

Así que este encuentro con su hermano Mariano, unidos en el inmenso dolor y en la impotencia de no hacer nada para impedir el asesinato de tan grande hombre, tenía para Joaquín el inmenso significado que  al abrazar a su hermano, no perdía del todo a su padre, de que algo le quedaba.

Esa noche fue de espera, insomnio, angustia inconcebible. Había quedado con su hermano en encontrarse a la entrada de la cárcel, para acompañar a su padre desde la salida del calabozo hasta el paredón de fusilamiento, para darle apoyo moral y que supiese que sus hijos lo amaban y estaban con él.

Era un día aciago y tormentoso el 30 de julio de 1811, a las siete de la mañana, don Miguel Hidalgo recibió la noticia de que sería conducido al sitio de su ejecución. Antes de partir al paredón, repartió unos dulces entre los integrantes del pelotón de fusilamiento y les perdonó.

Vió a sus hijos Mariano y Joaquin entre la multitud que esperaba a la salida, y les hizo la señal de la bendición, Joaquin tenía la cara surcada por el llanto pero Mariano se había prometido así mismo no llorar, para darle fortaleza a su padre.

Miguel fue conducido con gran pompa y ceremonia al sitio de ejecución, ya que se trataba de dar un escarmiento a la población a los insurrectos al régimen. Por eso la comunidad entera estaba convocada.

Se negó tanto a que le  vendaran los ojos como a sentarse de espaldas al pelotón. Pidió al pelotón de fusilamiento que para tener un blanco seguro dispararan sobre su mano derecha que pondría sobre el pecho a la altura del corazón. La primera descarga no atravesó el corazón, una segunda lo hizo rodar por el suelo aún con vida, y fue necesario darle tres tiros más para que muriera.

Su cuerpo ensangrentado fue expuesto al público afuera de la prisión como trofeo de guerra. Lo que no entendieron sus verdugos es que el movimiento independentista era imparable, y que Miguel no era fruto sino semilla de lo que vendría después, y que las llamas de la libertad había sido sembrado en el alma de los mexicanos para siempre.

Joaquín volvió a casa con las manos vacías y el corazón destrozado, pues también se le impidió darle cristiana sepultura y velar a su padre, como él hubiera querido. Pero le vio morir como un hombre valiente, y esa satisfacción y orgullo le acompañarían para siempre.

Al llegar a casa, dejó las botas húmedas en el portón de entrada, se quitó el chaleco negro y el sombrero y los colgó en el perchero tras la puerta. Se dirigió pesadamente a la cocina para servirse un poco de agua. Había ido a despedir a Mariano, y se prometieron estrechar lazos familiares y trabajar en la conservación de la memoria de Miguel Hidalgo.

Al llegar al dintel, en el trasluz de la ventana,  vio con sorpresa a su padre sentado en la mesa de la cocina, saboreando un delicioso café con leche endulzado con arequipe. Miguel levantó la cara de la taza del café, vio a su hijo observarlo con asombro y le dijo:

─ Pasa Joaquín, te estaba esperando.

Published in: on November 14, 2010 at 9:02 pm  Comments (4)  

Adiós Verano

Por Beatriz Salcedo-Strumpf

El rocío de la mañana anuncia

el adiós del verano

Árboles frondosos

inician sus  tonos pelirrojos

intuyendo su futura desnudez

Arroyos corren con premura

como si supieran que

pronto se helarán

Soplos de vientos

marchitan sonrientes flores

Cuaqueo de  aves confirma

su vuelo hacia un cálido rincón

Ciervos temerosos

hurgan por sustento.

Viajeros retornan a sus labores

Universitarios a sus libros

Infantes quejumbrosos  rehusan

abandonar sus juegos

El enamorado retorna a su melancolía

por el amor que perdió en sus osadías

Yo, contemplo el ciclo de vida

aguardando con paciencia

el retorno del sol ardiente

una vez más.

Published in: on August 29, 2010 at 10:56 am  Comments (9)  

Lisboa, Portugal

Hacía meses que sabía de nuestra cercana travesía a Lisboa, Portugal; esto me hizo pensar que debía aprender algo de portugués. Con el fin de cursos en la universidad y las prisas que éste trae, no tuve tiempo de adquirir un libro con anticipación. Así que unos días antes de nuestro viaje, me arranqué a una librería a comprar un manual en esta lengua, para poder charlar con la gente de este país, apreciar mucho más la cultura y disfrutar nuestra odisea tan esperada a lo máximo.

Me fue fácil avanzar debido a que sé un poco de  italiano, francés y mi lengua materna es el español. Todos estos  ayudan porque son lenguas romances, derivadas del latín. Encuentro fácil leer el portugués y entenderlo, pero hablarlo es necesario estudiar la pronunciación. La primera expresión que me apropié fue abrigada (gracias en español), de ahí siguieron bon dia, boa tarde, boa noite y muchas másDesde pequeña he tenido un gran interés por los idiomas, su cultura y gente.

Nuestro viaje comenzó en Syracuse, New York y finalizó en la capital portuguesa sin cancelaciones o retardos de vuelos. Las veces que he cruzado el  charco (el Viejo Mundo), lo primero que deseo es dormir, debido al jet lag. La mayoría de veces, esto no es posible porque las habitaciones no están listas y la hora de ocuparlas es a las once de la mañana.

La recepcionista del hotel nos indicó que si queríamos de inmediato nuestra alcoba, deberíamos pagar $50.00 euros más. Mi esposo y yo rehusamos la maravillosa oferta y decidimos vagar por las calles de esta urbe pintoresca e histórica.  Nos dirigimos al centro histórico caminando, ya que es la mejor manera de conocer un lugar. Lo primero que noté fue un monumento en  la memoria del fundador de la capital,  el marqués de Pompal, en la Avenida Liberdade. Después de haber recorrido varias cuadras de esta avenida, decidí poner a prueba mi portugués.  Nos sentamos en un café al aire en la Plaza Rossio. Ordené una jarrafa da agua (una botella de agua) y una salsicha (salchicha).

Me sentí muy orgullosa de que la mesera me entendiera mi raquítico portugués.

Por fin, retornamos al hotel exhaustos. El jet lag nos forzó a descansar por varias horas.

Al día siguiente, regresamos al centro histórico en donde se encuentra una área pedonal. Aquí decidimos subir El Elevador Santa Justa, el más alto y grande del mundo. Dicho ascensor fue construido todo de hierro. Debo confesar que fue agradable subirlo y  compartir el espacio con un montón de turistas y escuchar  idiomas diferentes.

Durante este paseo también observamos el Puente 25 Abril, uno de los  puentes colgantes más largos de su género y sobre él se puede observar el río Tajo, el más largo de la Penísula Ibérica. Este puente me recordó un poco el Golden Gate Bridge de San Francisco, California.

Proseguimos nuestra caminata.  Al llegar a  Plaza de Figueira, donde se encuentra la estatua del Rey Juan V, el piadoso, se nos acercó un hombre para vendernos mariguana; la presencia de la policía a lo lejos no lo intimidó en lo absoluto. En ese momento, también  pasaba una procesión de trabajadores protestando contra las medidas económicas del gobierno; creo yo.

Ese mismo día por la tarde, nos aventuramos ir al Castillo de San Jorge, construido por los visigodos en el siglo V y luego residencia de los Moros.  En este bélico Castillo ahora habitan algunos felinos, pavos reales y cisnes, que se pasean exhibiendo su belleza externa sin miedo alguno a los turistas .

Desde una de las torres más altas del Castillo, admiramos gran parte de la capital en todo su esplendor en un bello cálido atardecer.

Nos quedaba  por explorar los monasterios y muchos monumentos más de esta esplendorosa capital europea, llena de euforia  y poseedora de una gran cultura, pero en cuarenta y ocho horas  fue imposible visitar todos los rincones  de esta esplendorosa ciudad. Eso sí, ojalá vuelva.

La mañana siguiente,  tomamos el tren camio a Porto. Ahí me aseguraré de escuchar Fado, la cual es la expression más conocida de la música portuguesa.

Published in: on July 22, 2010 at 12:06 am  Comments (11)  

Sin salud no hay vida

Habíamos regresado, mi esposo y yo de nuestra travesía por las tierras de Portugal y el norte de España por doce días.

En cuanto finalizó el semestre y mandé las calificaciones  de mis estudiantes por el Internet,  comencé a soñar en esta odisea.

Durante el vuelo de regreso, tomaba notas, datos y trataba de recordar lo que más me impresionó de este viaje para compartirlo de inmediato con mis lectores en mi blog.

Al llegar a casa, los pensamientos y notas cesaron debido a un virus terrible que cogí durante el vuelo o en Madrid o quién sabe dónde.

Todo empezó cuando decidí tomarme la temperatura. En efecto, el termometro marcó 40C. Al día siguiente, se suscitaron los vomitos, los escalofríos y un agotamiento, que me mantuvó en cama por varios días.

Nunca me había sentido  tan mal en mi vida, ya que usualmente me resfrío una vez al año. Aunque la gripe casi me tumba, puedo seguir con mis actividades cotidianas. Así que los síntomas previamente mencionados me alarmaron e hice una cita con mi médico de cabecera. Me recetó unas píldoras para las naúseas y Tylenol y añadió que si en dos días más no mejoraba, volviese a su oficina. La primeras me causaron más nauseas y el Tylenol por lo menos me bajaba fiebre, pero a mi organismo no le agradó esta medicina. Usualmente, tomo aspirinas, pero el estómago las rechazó por falta de alimentos en éste.

Afortunadamente, cuatro días más se esfumaron los escalofríos, vomitos y la energía volvió un poco. No puedo decir lo mismo de la fiebre.

Después de casi doce días de padecer tal malestar, me puse a pensar en lo importante que es disfrutar de una buena salud. También pasó por mi mente las personas que se encuentran en los hospitales o aquelllas que sufren de una enfermedad mortal. Este virus me hacía sentir tan mal, que llegué a pensar que si algún día tuviese una enfermedad mortal, preferiría que alguien me eutanizara. Por suerte, solo fue un virus terrible  y ahora me siento como nueva.

En realidad, siempre he tratado de cuidar la  salud, dándole trabajo a mis músculos a diario, ingiriendo comida saludable, haciéndome los chequeos rutinarios anuales  y otros etcéteras que recomiendan los doctores, pero en esta ocasión tuve la oportunidad de analizar  a fondo que sin salud no hay vida. Tampoco se puede disfrutar un amanecer con un sol brillante y ardiente; o una travesía a cualquier lugar del universo; o una buena lectura de una novela; o la compañía de fieles amigos y mascotas; un delicioso banquete o bebida; un paisaje memorable; o una luna llena con cielo estrellado;  en fin son inumerables  los goces que ofrece la vida.

Debo admitir que los cuidados de mi esposo fueron esenciales para volver a la vida.

Published in: on June 25, 2010 at 7:53 pm  Comments (7)  

INDOCUMENTADO

Te gritan ilegal

Criminal

Roba-trabajos,

Malviviente

Te señalan

Por el color de piel

Por no aprender

la lengua de ellos

Por ser el “otro”.

¿Olvidaron

que tus ancestros

habitaron en la tierra

que reclaman?

Acaso  cuestionan:

¿Quién nos da el pan de cada día?

¿Quién cuida a los niños?

¿Quién lava los platos

y asea las casas?

¿Quíen guisa en los mesones?

¿Quién cega las alfombras verdes?

¿Quién realiza con afán y orgullo

aquellos menesteres que

nadie desea hacer

por the minimum wage?

Las leyes arbitrarias

Y cambiantes

Te abren los brazos

Si te necesitan

Y te condenan

Pisotean

Menosprecian

Y culpan

De todos los males

Si la situación deteriora

¡Qué hipocresía!

¿Quién te emplea?

¿Quién se beneficia

de tus frutos y niega

un pedazo de tierra?

¡Indocumentado

No estás solo!

 

Les invito a escuchar a Francisco Herrera, cantautor y activista de los derechos de los inmigrantes.

Published in: on May 2, 2010 at 1:05 pm  Comments (9)  

¿París o Nueva York?


Nuestra travesía a París se había iniciado una fresca mañana de marzo. Hacía semanas que repasaba mi francés con  gran ahínco. Me emocionaba el pensar que hablaría con los parisinos  una vez más esta bella lengua musical y romántica.

Mi esposo y yo volveríamos a caminar por el Sena, imaginando escuchar la dulce voz de Edith Piaf.  Escalaríamos  la Torre Eiffel como unos adolescentes vigorosos. Además, pasaríamos horas en un café al aire libre de los Champs Elysees, degustando los vinos del país y saborear el típico queso camembert o  brie, observando  el vaivén de gente de todo el mundo. Admiraríamos las pinturas de Renoir, Monet, Manet y la Venus de Milo en el museo del Louvre. Y sin duda, haríamos tiempo para visitar  el museo D’Orsay. Quizás nos apetecería montarnos al metro  para explorar de nuevo el Quartier Latin y al jardín de Luxemburg.  En fin, mi mente pasaba como un disco los bellos momentos y lugares que había disfrutado de esa bella ciudad en el pasado.

De repente, mis pensamientos se interrumpieron cuando nuestro primer vuelo de Syracusa a Nueva York aterrizó. Y, el asistente de vuelo le comunicó a mi esposo que su equipaje lo encontraría en la banda, donde los pasajeros manufacturan su equipaje al inicio de su travesía. No nos agradó esto, ya que él había hecho un gran esfuerzo de no manufacturarlo y el asistente de vuelo lo hizo sin el consentimiento de mi esposo .

Entonces, nos dirijimos a la banda y cuando su maleta no apareció, fuimos a la oficina de reclamos y tampoco lo encontraron ahí. El destino se empeñaba en maniobrar nuestro viaje a la Ciudad de las Luces.

El tiempo transcurría y nos dimos cuenta que  perderíamos el vuelo a París. De modo que  nos encaminamos al mostrador de Air France para explicarles la situación y  pedirles que nos asignaran otro vuelo. El empleado amablemente nos dijo que había uno  la mañana siguiente y añadió apenado, que teníamos que pagar la cantidad de $7,500 dls cada uno, además de los 4,300 dls, que ya habíamos pagado.

__Nadie pagaría esa suma aunque la tuviera. Le amonesté furiosa al agente.

Era inútil discutir y quejarse con él, y para consolarnos nos dio varios números de teléfonos para llamar a la aerolínea francesa.

Mi esposo y yo estábamos furiosos, hambientos, frustrados y exhaustos. Así que decidimos hacer los timbrazos al día siguiente.  Mientras tanto, fuimos a buscar un hotel cerca del aeropuerto para deshacernos del estrés,  de la impotencia y  de la frustración que nos estaba causando ésta aerolínea.

A la mañana siguiente, de inmediato, llamamos a los números que nos había dado el agente la noche previa. Los marqué y enumeré pausadamente a mi interlocutor las frustraciones de la noche anterior. Con amabilidad insistió que teníamos que pagar la suma de dinero ya mencionada. Entonces, las tripas se me retorcían de la rabia y le grité al agente  hasta de lo que se iba a morir.

Todavía  quedaba por cancelar la reservación del hotel en París para que no nos cobraran la noche anterior. Por lo menos, iba a practicar mi francés. Les eché un timbrazo y la cancelé, pero perdimos todos los puntos que ya habíamos ganado con nuestra tarjeta de crédito.

Pensé por un instante que alguien me estaba haciendo brujerías o que tal vez necesitaba una limpia.

Entonces, mi marido y yo decidimos pasar nuestras vacaciones aquí, en la Gran Manzana.  Así que hicimos varias llamadas de teléfono para albergarnos en un hotel.  Corrimos la suerte de encontrar una reservación en el hotel W en Manhatan.

Nunca  habíamos sido huéspedes ahí y el recibimiento por el personal fue excepcional. Una de las empledas, nos invitó al bar y ofreció un mojito de bienvenida. Luego le dio órdenes al botones que nos llevara  a nuestra suite. Ésta era fuera de serie: balcón para asolearse, jacussi, habitación y  cuarto de television con una pequeña sala. Además, nos amenizaron el recibimiento con una botella de vino y chocolates para endulzar el mal rato que nos hizo pasar la p… aerolínea.

Al día siguiente, nos sorprendió la ciudad con el desfile de Saint Patrick Day. Jamás habíamos tenido la oportunidad de presenciar éste.

En otras visitas a la Gran Manzana, había presenciado el desfile de los puertorriqueños y el de los brasileiros y ambos se destacaban por el colorido de los trajes, la música y los bailables contagiaban  su vitalidad, mientras que el de los irlandeses resaltaba la enorme cantidad de bandas que desfilaron por horas y horas con su típico traje color verde.

También aprovechamos para  dar una larga caminata por el Central Park, al igual que por la Quinta Avenida.  Y, cuando el hambre nos pillaba, buscamos restoranes étnicos, siguiendo como canes el olor mágico de los deliciosos y variados platillos.

En esta visita, omitimos los museos porque acá es un pecado desperdiciar días  cálidos y asoleados, los cuales son inusuales para esta fechas.

Después de todo, nuestras vacaciones neoyorkinas inesperadas resultaron agradables. Mientras tanto, aguardamos una respuesta positiva de la tarjeta de crédito  que nos acrediten el dinero de los boletos, lo cual la aerolínea francesa se rehusó a hacer.

Y, algo me quedó muy claro de esta experiencia, JAMÁS, JAMAIS, NEVER, MAI, NIE haremos reservaciones con la aerolínea francesa.

Published in: on April 27, 2010 at 9:19 pm  Comments (8)  

Fritz

Hola amigos:

Soy Fritz y estoy en el cielo felino jugueteando y ronroneando mimoso entre nubes de cristal y melodías de colores. Se está muy bien aquí, tengo miles de amigos y me divierto mucho. Aunque extraño mucho a mis amigos de la camada de Bettúbella, y sobre todo a Bettú, porque me amo tanto. Siempre me hizo sentir un gato muy especial y querido hasta el último minuto de mi maullante vida.

En  en la tierra aprendí como viven los humanos, y me gustaba mucho imitarlos. Usaba el inodoro como los adultos, así que aquí me he hecho instalar uno, y sé bajar la perilla; es que soy muy educado e impecable.

Bettúbella fue mi madre humana, ella sabía cuando estaba hambriento, sediento o simplemente cuando quería mimos y muestras de amor.

Cuando mi viaje al cielo se estaba preparando, Bettúbella me enseñó un medio de comunicación interdimensional, y su mensaje fue que me comunicase con Shakespeare en los cielos. Apenas llegué, busqué al tal Shakespeare y me lo pasé de lo lindo con el fulano ése, restregándome entre sus piernas y divirtiéndome con las obras de teatro que está montando acá.

Fui a ver la obra del tal Shakespeare en compañía de mi padre Pancho, quien se me adelantó un poquito para llegar a casa. También nos encontramos en el cielo humano con un tal Mozart que me quería adoptar pero yo tenía prisa para volver a mi cielo felino. Éste es mi hogar.

Cuando mis amigos de la camada de Bettúbella vengan, uno a uno, los iremos recibiendo y la familia se reunirá nuevamente. Todo esto se lo he contado a Betúbella en sueños.

Cuando ella venga seguro que vendrá a visitarnos. Ella pensaba que fui humano en otra vida, pero la verdad es que los felinos somos todos muy inteligentes, tanto que si los humanos tomaran consciencia de lo sabio y conscientes que somos de todo, se asombrarían. Lo que pasa es que nos gusta tener nuestros propios secretos.

Bettú nada me negaba, así que con ella me volví muy consentido. Me daba todo lo que yo le pedía y si no me obedecía me emberrenchinaba y ella corría a mimarme. Recuerdo la vez que me ayudó a salvar a mamá de una muerte horrenda. Mamá estaba jugando y se le quedó colgada la chaquetita en un perchero y se estaba asfixiando. Corrí a buscar a Bettúbella que estaba durmiendo y ella al fin humana, es muy tonta y se demoró un poco en entender mi mensaje, pero al final liberó a mami de morir.

Estoy aquí porque me dio cáncer, y este es un servicio de amor que los compañeros amigos de los animales hacemos como muestra de gratitud a ellos. El cáncer que me trajo al cielo llegó a nuestra casa como una energía que entró bajo la puerta. Yo la vi y supe que iba por un miembro humano de la familia, y yo los amaba y no podía permitir que eso le pasara ni a Bettú ni a su esposo, ni a ninguno de sus hijos. Así que me crucé en su camino y la recibí y absorbí en mi cuerpo. Y aquí estoy. Pero estuvo bien porque ahora la paso padrísimo; ni se imaginan, en el cielo hay autocinemas, discotecas, música y mil diversiones, mas. Me despido porque una guapa minina, me está esperando en su convertible para ir de paseo…. ¡Hasta la proxima!

Published in: on April 15, 2010 at 10:14 pm  Comments (12)  

Un día de verano en primavera.

Estaba lista para hacer trabajar mis músculos en la corredora, pero el cambio repentino de temperaturas me hizo cambiar de parecer  y me dije: “no puedo desperdiciar un día de verano en primavera por estos lares.  La película que estoy viendo ahora cuando troteo en el sótano de mi casa puede esperar: Las mujeres de Juárez. Lo mejor de todo que me aguardan tres días más de asueto y los metereólogos nos prometieron temperaturas veraniegas.

Así que tomo mi I pod para escuchar mis melodías favoritas e inicio mi troteo por las calles solitarias de mi vecindario.  La gente se vuelve loca  cuando la naturaleza nos ofrece regalos como hoy, y yo no soy la excepción. Sobre todo, que vengo de un clima tropical.

Quizás alguien del trópico, no comprenda  el obsequio de la naturaleza con temperaturas cálidas (27C), pero después de no ver el astro ardiente por días y días y soportar meses gélidos y montañas de nieve  semanas tras  semanas, tal vez, comprendería tal conducta.

Hacía un par de semanas que había nevado casi un metro*; era tanta la nieve que no pude ir a trabajar. En vez, me la pasé paleando nieve por dos horas para que mis felinos pudiesen encontrar su pan de cada día y no se ahogasen con tanto nevado.

Continúo mi troteo y observo que los motociclistas deciden despojarse de su vestimenta invernal y darse un paseo en  su artefacto de dos ruedas veloces. También los autos deportivos se derrapan por las avenidas sin importarles la aparición de un gendarme y una multa.

Sigo mi troteo y en el camino se encuentran cuerpos de mapaches, tlacuaches, venados, conejos, zorras y hasta el de un aplastado coyote.  Algunos de ellos muestran indicios de que, ya han sido devorados por las aves rapiñas del área. Los pobres ignoran que el cruzar una calle puede ser mortal la mayoría de las veces. Me detengo por un instante para beber agua de mi pequeña botella que cargo.  A lo lejos, observo un temeroso cervantillo detrás de su madre buscando sustento y unos minutos después, me topo con una parvada de guajolotes silvestres.

El cuaquear de los patos y gansos, me hace mirar al cielo. En su acostumbrada V, vuelven del sur a su lugar de origen: algunos a Canadá y otros aquí, en el estado de Nueva York.

Continúo mi carrera y escucho el murmullo de algunos arroyos. El deshielo repentino se ha convertido el líquido vital para las plantas y algunos animalillos que merodean y respiran el aire veraniego, aunque todavía se perciben vestigios de nieve en el paisaje.

Los árboles aún se encuentran sin ropaje, pero en menos de un mes se vestirán con su vestuario más elegante, exhicibiendo toda una gama de colores,  sabores y aromas, que las aves pronto harán sus nidos para sus críos.

A una hora de seguir troteando, las piernas quieren tomar un receso, pero la canción Don’t give up, de Petula Clark, una cantante británica de los setentas, me inspira y ánima a no rendirme, como lo expresa ella en la letra de la melodía.

Algunos canes me ladran al verme correr por sus casas, y yo les devuelvo un amable saludo, diciéndoles: “Hola, mi perrito querido, tú también tienes derecho de disfrutar este clima tan delicioso”. Intuyo que comprende mis palabras y cesa de ladrar, dándome una mirada comprensiva, balanceando su cola de felicidad.

Termino mi troteo y escuchó la canción de Shakira en mi I pod Suerte ¡Vaya que me siento suertuda de gozar un día de verano en primavera!

Published in: on April 3, 2010 at 10:03 pm  Comments (4)  

Comentarios de sobremesa: el México de ayer y hoy

Milagros Moctezuma está de visita en Guadalajara. El aire húmedo y espeso la hizo sudar a mares durante la caminata de exploración de la mañana. Hace treinta años que emigró a Estados Unidos, y sólo puede volver pocos días al año, así que cada vez su ciudad es un acto de asombro, exploración y reconocimiento.

Sobre las tres de la tarde, una brisa fría y salada refrescó el ambiente. Ha caminado sola por muchas horas por la zona tradicional de la ciudad, fotografía cuanto ve, habla con la gente, tomándole el pulso a la ciudad y al ambiente que se respira en el país. Una creciente angustia e insatisfacción le atenaza el corazón.

Ha comprado todo tipo de vistosas chucherías, pequeños y vistosos cachivaches y delicias gastronómicas mexicanas que saben más ricas cuando son preparadas con el amor que sólo la mujer mexicana sabe ponerle a su cocina.

A las cinco de la tarde tiene cita con Ralf Rosembaung, viejo amigo neoyorquino que visita Guadalajara por primera vez y está rojo escarlata a causa de de la insolación. Se ha presentado a la cita ataviado con una exótica camisa multicolor, sombrero típico y una gran sonrisa.

—­¿Qué hay güerita?— dice Ralf mientras le da un beso en la mejilla y pide una mesa en la terraza frente aun restorán típico del centro.

—Vaya que encuentro mi ciudad muy cambiada desde que salí— dice Milagros con un aire de evidente preocupación.

—¿Cuándo la dejaste?

Un mesero se acerca, extiende el menú y se aleja rápida y obsequiosamente para permitirles escoger.

—Fue en 1980 cuando López Portillo era presidente, luego en el 82 de la Madrid tomó el poder— contesta Mila— Traígame arroz a la mexicana y una “negra modelo”.

—Yo quiero una cerveza helada nada más, he comido mucho hoy, pero para acompañarte comeré guacamole. Ambos presidentes pertenecían al PRI, ¿verdad?

—Así es. Por lo menos, después la voz del pueblo se escuchó en ese momento para el cambio, aunque pareciera que nos dieron gato por liebre con el nuevo gobierno. ¿Sabes?— Milagros respira profundo y se queda en silencio un momento como tratando de encontrar las palabras—  lo que más me sorprende y me aterra es la ola de violencia que se ha desatado en México en los últimos ocho años. A pesar de ser emigrante te juro que devoro cada día los periódicos de mi país, leí que ha habido 16.000 homicidios en esta guerra brutal. Parece que los traficantes de droga se comportan como bestias, carecen de una moral total, como si no tuviesen alma, ni madre, ni familia; y ya no se diga temor de Dios. Digo esto porque arrasan hasta con la familia de sus contrincantes y asesinan a muchos inocentes.

­ —Mientras haya demanda de cocaína no hay nada que hacer, Mila, el narcotráfico continuará su escalada de terror. No hay mucho qué hacer.

—Así es Ralf, estoy convencida de que la única solución es legalizar la droga, así se acabaría tanto derrame de sangre y lavado de dinero.

—Pues sí, pero mi país debería involucrarse más en este grave problema, asumir su responsabilidad moral y dejar de vender armas a los delincuentes.

—También noto en México que nadie se preocupa por el genocidio de mujeres en Ciudad Juárez. Si una mujer es pobre y joven carece de la mínima protección y derecho a la vida. La impunidad e incompetencia que han demostrado las autoridades de México da verdadera vergüenza y es lo más parecido a la complicidad. Pareciera que hay peces gordos detrás de todo esto. Imagínate que leí que “el Código Penal de Chihuahua determina que el violador y abusador sexual de una mujer “recibirá una pena de tres a nueve años”. En cambio para los ladrones de ganado, el Código prevé, una pena de seis a cuarenta años de cárcel”. Vale más y merece más respeto y mas castigo el que roba a una vaca que el que viola y tortura a una mujer en este México.

—¡No puede ser, Milagros! Me dan náuseas escuchar estas cosas. ¿Cómo es que la policía de México no ha hecho nada?

—No, ni siquiera hay detenidos ni pistas de quiénes puedan ser. Sé que se han filmado documentales acerca del tema como “Chicas extraviadas”, y hoy vi en el diario que hay una obra testimonial donde las protagonistas son las madres de las chicas asesinadas que imploran por justicia.

—¿Cuántas chicas han sido asesinadas? ¿Quién se cree que puedan ser los asesinos?

—Se dice que son ya cuatrocientas y tantas muchachas, pero pueden ser hasta mil, y hay varias teorías. Se cree que sus órganos se trafican; o que sólo las secuestran para violarlas y luego las matan para que no denuncien a sus victimarios. También se habla de posibles ceremonias de sectas narcosatánicas.

—Milagros, otra cosa que me sorprende de México es la invasión de restaurantes de comida rápida de mi país. Pero me siento feliz de haber conocido los taquitos callejeros y las tortillas hechas a mano. Voy a pedirle a mi mujer que aprenda a hacerlo.

—Yo le enseñaré a tu mujer a tortear con mucho gusto, es un arte. Le fascinarán los antojitos méxicanos.

—Me ha gustado mucho el clima de México— dice Ralf saboreando su cerveza helada.

—Pienso que ha cambiado un poco durante los inviernos. Es la tercera vez que llueve durante esta estación y duró tres días. Debo admitir que es una de las razones por la que me escapo de mi gringolandia: por lo cálido de mi terruño. Y además adoro disfrutar del sol como las iguanas.

—Pero bueno, México tiene problemas, ¿Cuál país no tiene problemas?

—Hay problemas de problemas Ralf, por ejemplo, estoy furiosa con las autoridades de salud o quien se haya encargado de difundir la “mortalidad” del virus H1N1, la llamada originalmente gripa porcina. Mira todo el pánico que causaron por nada. Leí en los diarios de algunas muertes, y sin embargo en el diario de ayer constatEo que en este estado hubo ¡miles casos de dengue. Y esto no se escuchó en ningún medio de comunicación en donde vivo. Eso sí, el mentado virus arruinó el turismo este año.

Lo más grave fue la publicidad y la alerta mundial

—Tranquila Mila, por suerte, la gente olvida con rapidez las noticias, y los gringos nunca dejaremos de venir a este país tan bello y tan exótico.

—Sí, México es un gran país, lleno de tantas y tan brutales contradicciones, que ya no sé ni qué pensar; por un lado, aquí están los meros machos más machos del planeta, pero aún así, hace poco se consiguió después de una ardua lucha, que los homosexuales pudieran casarse legalmente. Aunque todavía hay camino por recorrer, por ejemplo que consigan el derecho a adoptar niños Aún existe la homofobia.

—De acuerdo con lo que he leído, la iglesia de México es su principal enemigo.

—Pues sí, los de ultraderecha también. Sin embargo, Ralf, al menos ya es posible hablar de estos temas que eran intocables hasta hace unas dos décadas.

—Es cierto.

—En todo caso estoy preocupada. Hace tres décadas que no vivo en mi país y palpo los mismos problemas políticos sólo que peores que antes; la corrupción, lejos de abolirse está en su apogeo; el desempleo aumenta día por día; todo se encarece, igual el precio de la gasolina y los alimentos básicos; la pobreza en la que vive tanta gente es abrumadora. Parece como si el tiempo se hubiese detenido desde que se dio el Grito de Dolores que iniciaba una lucha por lograr una mejor vida para los mexicanos.

Mi corazón apachurrado sangra de la impotencia ante el clima de violencia y angustia causado por el narcotráfico.

—Así es Milagros… y a pesar de todo eso… ¿Piensas volver para celebrar el Bicentenario de la Independencia?

—Por supuesto.

—¿Te gustaría regresar a vivir algún día a México?.

—Claro que sí.

Published in: on March 9, 2010 at 7:43 pm  Comments (5)  

Un día de invierno en Manlius, NY

Me levanto y apenas puedo creer la cantidad de nieve que cayó durante la noche y aún peor, el viento la removió como si se  hubiese peleado con las nubes.

Los  niños y adolescentes pegados a la televisión aguardan con ansiedad escuchar la palabras soñadas del metereólogo: “no hay clases hoy por la inclemencia del clima ”.  Todos echan gritos de alegría; unos vuelven a sus camas; otros se apresuran a poner sus trajes para la nieve para jugar con ésta afuera; otros textean a sus amiguitos para darles las buenas nuevas si no las saben todavía; y los mayores irán de compras o saldrán almorzar juntos; algunos esquiarán por las colinas o se quedarán en casa poniéndose al tanto con sus amigos en Facebook.

Yo, como los niños comparto el jubilo y aprovecho el día de asueto para escribir y observar las actividades invernales de ellos desde mi ventanal, haciéndome la idea de que estoy Acapulco en las escaleras, por la presencia del astro ardiente y la compañia fiel de mis trece felinos.

Las niñas de al lado de mi casa hacen un enorme mono de nieve. Una vez terminado, deciden vestirlo para que no le dé frío: le ponen una corbata, bufanda, manoplas, sombrero y para que sonría una rebanada de jitomate, añadiéndole como nariz una zanahoria; vaya que disfruto de su creatividad.

Los niños de enfrente juegan a las güerritas con de bolas de nieve, protegiéndose de cada bando trás los fuertes de nieve que ellos han construido. Me doy cuenta que la güerra asusta a los patos que vienen a mi jardín a robarse las semillas de los pájaros. De repente, observo las huellas delatadoras en la nieve de los hambrientos ciervos, de las dos zorras que han estado devorando algunos de mis mininos y hasta la de un tlacuache, que llena sus tripas con el alimento de mis felinos que dejo en la terraza.

Mientras tanto, los exhaustos limpia-nieves no se dan abasto para quitar esas nevadas para  que los menos suertudos no se resbalen o patinen por las avenidas, calles y carretera, camino a sus quehaceres.

Este paisaje invernal nunca dejará de inspirarme. Parece que todas  las casas  y árboles han decidido vestirse de blanco, acordando con la brillantez del sol y la nueva alfombra blanca en el suelo como si la naturaleza aguardara el casamiento de una feliz pareja

Published in: on February 27, 2010 at 8:35 pm  Comments (16)  
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