¿PLAYA O NIEVE?

Hacía tiempo que mi hermana anhelaba ver nevar. La había visto en las películas y en las tarjetas de Navidad, y le emocionaba cuando le relataba sobre los largos y nevosos inviernos de esta área, ya que habito en una ciudad donde el promedio de nieve es de 120 pulgadas, al año aproximadamente.

Desde que vivo en este lugar, la nieve llegó a ser parte de mi vida. He aprendido los diversos nombres de ésta al verla descender convertida en copos, aguanieve, lluvía congelada y a veces convertida como si fuera harina para hornear un delicioso pastel o preparar una sabrosa nieve de sabor.

Yo, también como mi hermana crecí en un clima tropical, y al correr de los años añoro y siento melancolía por la calidez de los rayos dorados del sol de mi ciudad. Así que,  cada vez que tengo  la oportunidad, me arranco a mi tierra sólo para asolarme como una iguana.

En este lugar, tuve que aprender a manejar en la nieve y a no caminar cuando  hay hielo por las calles, para evitar  romperme los huesos; a arroparme adecuadamente; a palearla y  traté de esquiar con un poco de éxito.

Admito que disfruto ver los árboles vestidos de transparentes cristales brillantes como si fuesen diamantes. Y observar desde un pequeño rincón de mi casa, a los hambientos venados que hurgan por su pan de cada día y a los patos y gansos  anunciando con su cuaqueo su despedida hacia el sur.

No esta de menos mencionar que los niños brincan de alegría cuando se cancelan las clases, debido a las montañas de nieve que han caido. Los chicos salen a hacer graciosos monos de nieve;  a tener una guerra de bolas blancas con sus amiguitos ; o a esquiar y a deslizarse en su snowboard.  Mientras tanto, los quitanieves laboran a todo lo que da para que todo vuelva a la normalidad.

Hace un par de años, mi hermana decidió visitarme un invierno. Desde que bajó del avión no cesó de nevar. Cayó tanta nieve que tuvimos que quedarnos en casa todos los días de su visita. Ella fue testigo de los inviernos que me han tocado experimentar aquí. No se pudo quejar de que no vio nevar. Al despedirse dijo que ya entendía porque cuando la visitaba sólo deseaba tirarme en el sol y eso era precisamente lo que ella iba a hacer al llegar a nuestro terruño.

Published in: on February 14, 2012 at 9:22 pm  Comments (3)  
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