Siempre es agradable pensar en las vacaciones y muchas veces significa travesías memorables e inolvidables. A mí en la particular me encanta viajar a lugares desconocidos porque me permite conocer nueva gente, su historia, sus tradiciones, su gastronomía, su arquitectura, su clima e idioma y otros etcéteras.
Otras veces, prefiero volver a mi lugar de origen, porque deseo retornar a mis raíces; disfrutar de la calidez del sol; saborear de los platillos de mi infancia y juventud; charlas con los viejos amigos; leer el acontecer mundano en los diarios; echar una miradita en las librerías y descubrir las novedades, que nos brindan los autores: y ¿por qué no hacer tiempo para la reflexión o simplemente, imitar a los felinos hedonistas? … Y por supuesto, recargar las pilas para otro semestre lleno de ajetreos.
Pues bien, el arduo labor de todo un semestre finalizó. Y las anheladas vacaciones, inician su vuelo, aunque muchas veces nos topamos con eventos inesperados fuera de nuestro control. Por ejemplo, la aerolínea, en la cual hice mi reservación, me manda un email, comunicándome que mi vuelo se ha cancelado y debo tomar otro. Esto significa que perderé un día de asueto y una reunión importante. No vale la pena enojarme o quejarme.
Hago mi maleta, y de repente, me doy cuenta que se va la luz. Lo primero que pienso es que no podré sacar el auto del garage. Me apresuro a llamar a un taxi para que me lleve al aeropuerto. La electricidad retorna y canceló el taxista. Mi hijo me lleva al aeropuerto. Tan pronto, checo mi vuelo, la agente de viajes, me comunica que hay un retraso tres horas, debido a una tormenta de hielo en Atlanta. Añade, que existe la posibilidad, que el vuelo se cancele. Aguardo con paciencia los ciento ochenta minutos. Por fin, escucho la salida de mi vuelo y sin ningún inconveniente, arribo a Atlanta. Reviso de inmediato, mi siguiente vuelo la pantalla, y por suerte el mío, saldrá a tiempo. Duermo placidamente durante el viaje.
Uf, ¡Llegó a mi lugar de origen, pensando! Ahora que piso tierra, creo que puedo realizar hacer to lo que mencioé, previamente. Ah, ¡benditas vacaciones
LOS VIAJES
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Es muy inspirador que puedas olvidar fácilmente algunos accidentes o contratiempos. También, es inspirador cómo te encantas su casa. Aunque mí casa no es muy lejos de Oswego, le encanto también!
Me gusta mucho esta entrada. A mí, me gusta a veces conducir por la calle en que vivía mi familia cuando era niña. Me gusta mira a las casas donde vivían mis amigos de ese tiempo. Y donde vivo ahora, me encanta acostarme afuera detrás de mi casa. Allá no puedo ver la calle ni otras casas, solo la nuestra y árboles. ¿Eses momentos son preciosos, no?
Gracias
Carolyn