EL TRANSCURRIR DEL TIEMPO

Desde muy pequeña, me he cuestionado el transcurrir del tiempo. Recuerdo un día  que me encontraba en el consultorio del dentista, le pregunté a mi hermana mayor, por qué teníamos que esperar tanto nuestro turno,  y me responde: “siempre hay más tiempo que vida”.  Su respuesta me llevó a muchas más inquietudes y preguntas. Entonces, pensé, que el tiempo siempre ha existido, se encuentra ahí estático o en movimiento, como han argumentado algunos filósofos desde los inicios de la humanidad y hasta nuestros tiempos.  Pienso que somos los humanos que  le damos sentido al tiempo con nuestras celebraciones, religiosas, patrióticas, familiares, amorosas, amistosas, etc…  Además, cualquier idioma se encuentra plagado de expresiones sobre el tiempo tales como: “el tiempo vuela”, “el tiempo no pasa en vano”, “el tiempo es oro”, “más vale tarde que nunca”, etc…También  algunas canciones han atrapado mi atención por su contenido temporal. Una de ellas: “reloj que marcas las horas”, sentimos esa  necesidad de medir el tiempo para controlar nuestra existencia. Otra melodía comenta : “el tiempo que te quede libre si te es posible dedícamelo a mí,”,  y otra que canta a la filosofía de la vida. La melodía la interpreta el grupo norteamericano The Byrds, y fue tomada de la Biblia del libro Eclesiastes, y dice: A time to born, a time to die; a time to love a time to hate, a time for peace a time for war, a time, a time to kill, a time to heal, everything turn, tunn, turn… En realidad, nuestras vidas son un constante cambio desde el momento que nacemos hasta que morimos.  Hay tiempo para nacer, para morir, para la paz,  para la guerra, para amar,  para odiar,  para el dolor y para sanar, así lo cantan los Byrds.

Pienso que como seres mortales nuestro tiempo es cronólogico y nuestro tiempo termina  en la tierra el día que nuestros  pulmones cesan de trabajar  .

Published in: on March 25, 2012 at 1:39 am  Comments (5)  

¿PLAYA O NIEVE?

Hacía tiempo que mi hermana anhelaba ver nevar. La había visto en las películas y en las tarjetas de Navidad, y le emocionaba cuando le relataba sobre los largos y nevosos inviernos de esta área, ya que habito en una ciudad donde el promedio de nieve es de 120 pulgadas, al año aproximadamente.

Desde que vivo en este lugar, la nieve llegó a ser parte de mi vida. He aprendido los diversos nombres de ésta al verla descender convertida en copos, aguanieve, lluvía congelada y a veces convertida como si fuera harina para hornear un delicioso pastel o preparar una sabrosa nieve de sabor.

Yo, también como mi hermana crecí en un clima tropical, y al correr de los años añoro y siento melancolía por la calidez de los rayos dorados del sol de mi ciudad. Así que,  cada vez que tengo  la oportunidad, me arranco a mi tierra sólo para asolarme como una iguana.

En este lugar, tuve que aprender a manejar en la nieve y a no caminar cuando  hay hielo por las calles, para evitar  romperme los huesos; a arroparme adecuadamente; a palearla y  traté de esquiar con un poco de éxito.

Admito que disfruto ver los árboles vestidos de transparentes cristales brillantes como si fuesen diamantes. Y observar desde un pequeño rincón de mi casa, a los hambientos venados que hurgan por su pan de cada día y a los patos y gansos  anunciando con su cuaqueo su despedida hacia el sur.

No esta de menos mencionar que los niños brincan de alegría cuando se cancelan las clases, debido a las montañas de nieve que han caido. Los chicos salen a hacer graciosos monos de nieve;  a tener una guerra de bolas blancas con sus amiguitos ; o a esquiar y a deslizarse en su snowboard.  Mientras tanto, los quitanieves laboran a todo lo que da para que todo vuelva a la normalidad.

Hace un par de años, mi hermana decidió visitarme un invierno. Desde que bajó del avión no cesó de nevar. Cayó tanta nieve que tuvimos que quedarnos en casa todos los días de su visita. Ella fue testigo de los inviernos que me han tocado experimentar aquí. No se pudo quejar de que no vio nevar. Al despedirse dijo que ya entendía porque cuando la visitaba sólo deseaba tirarme en el sol y eso era precisamente lo que ella iba a hacer al llegar a nuestro terruño.

Published in: on February 14, 2012 at 9:22 pm  Comments (3)  

In Ithaca, New York.

By Beatriz Salcedo-Strumpf

I woke up agitated: beads of sweat were coming out of my body: a sticky fluid slides from my forehead. I lifted the sheets, stood up and dried my face.

I couldn’t believe it! Once again I had dreamt of Penelope…! I remember how the first time I woke up in a good mood and said to myself: “Wow, I immerse myself in literature and my favorite character visits me in my dreams”.

I turn around and see on my desk the thousandth letter I wrote last night. I want to read it before…:

My dear Hector,

I remember when I said goodbye that beautiful warm summer afternoon in Paris. Your love left an indelible trace.

We went on separate paths and life stopped making sense to me.

I returned to my country full of light and happiness, possessed by the soft garden you had planted in my heart.

You stayed in Paris. Our letters crossed the ocean more than a thousand days.

Your words stopped the day that you refused to love me. Or never loved me? How can I know? You promised to visit me in Mexico; and I to return to Paris. However, nothing came of it.

I wonder if you got my last letter in which I was telling you about my new job in Ithaca, New York.

After a decade I still wait for your return.

Thinking always of you

Andrea.

I tear the letter in many pieces and throw it in the garbage can. While I imagine  Hector returning to my side, I write at night what I destroy during the day.

I feel the need to take off my wet pajamas and undress myself slowly while trying to get rid of that dream that is so difficult to interpret. I enter the bathtub naked.

The warm water washes my body, but not my worries. I turn off the faucet. I shampoo my hair, I soap myself softly, and feel as if Hector’s hands were caressing me tenderly in our intimacy. I get out of the bathtub. I sit in front of my dresser mirror and put on my make up, then I dress and go out to teach my classes at the University.

I evoke my last dream: I see myself walking unhurried, in downtown Ithaca, which is strangely deserted. I don’t have any idea where I’m going. It snows and evening falls.  I stop in front of a Macy’s window. All of a sudden, I feel that someone’s touching my shoulder and as like spring I jump and turn my body; I see in front of me a beautiful slim woman with a tunic and a linen shawl, and she tells me: “Andrea, stop imitating me, do you understand me? I’m going to be more explicit, don’t make my same mistake, knitting and unknitting for twenty years waiting for Ulysses, What a waste!

It seems like my favorite character reads my mind, since I always thought that she was the prototype of fidelity and the patience of waiting. Or I suppose she saw my questioning and disconcerted look. The truth is that in the dream she talked before I could ask anything.

_ Twenty years is a whole life; nothing makes up for what one wasn’t able to do. For twenty years I was faithful, and I’m certain that he was not. I knew him so well; his vigor, passion and bravery. Many women might have fallen in love with him; and myself? I took care of Ithaca, raised our son Telemachus battled with my suitors that were only interested in the wealth of the island. No, Andrea, I regret it all now.

When he came back, we didn’t understand each other.  We had grown up separately. He returned to Ithaca to realize that away from it he would be happier. Don’t let the same thing happen to you. You have time. Forget! Live! love!

Penelope goes away. Her regal figure gets lost in the dark. At that precise moment I wake up all sweaty.

Penelope’s words: “Love! Live! echo in my ears like drum of war. I finish putting on my make up and get dressed. I look at myself in the mirror and say: “It’s never too late to start to live, Andrea”. When I finish this sentence, I see her face reflected in the mirror, offering me a

Published in: on December 6, 2011 at 7:02 pm  Leave a Comment  

En Itáca, New York

Beatriz Salcedo-Strumpf

Desperté agitada: hilos de sudor brotaban de mi cuerpo: un líquido pegajoso resbaló de mi frente. Retiré la sábana, me incorporé y me sequé la cara. ¡No podía creerlo! ¡Otra vez había soñado con Penélope…! Recuerdo que la primera vez desperté de buen humor, y me dije: “¡Vaya! Estoy tan inmersa en la Literatura que ahora mi personaje preferido me visita en el sueño”. Volteo, y veo sobre mi escritorio la milésima carta que escribí anoche. Quiero leerla antes de…: Mi querido Héctor: Recuerdo cuando en París me despedí de ti aquella tarde cálida de un verano esplendoroso. Tu amor dejó una huella imborrable. Nos separamos y la vida dejó de tener sentido para mí. Regresé a mi país llena de luces y de alegría, poseída por el suave jardín que sembraste en mi corazón. Tú permaneciste en París. Nuestras cartas se cruzaron en la mar más de mil días. Las palabras cesaron un día en que tu corazón se negó a amarme. O ¿nunca me amó? ¿Cómo saberlo? Tú prometiste visitarme en México; y yo, volver a París. Sin embargo, nada se realizó. Ignoro si te llegó mi última misiva en la cual te comunicaba de mi nuevo trabajo en Ithaca, New York. Después de una década aún aguardo tu retorno. Pensando siempre en ti, Andrea. La hago pedacitos y la echo al cesto de basura. Mientras Héctor regresa a mi lado, de noche escribo lo que de día rompo. Siento la necesidad de quitarme la pijama húmeda, y me desvisto lento como tratando de despojarme de ese sueño tan difícil de interpretar. Desnuda entro en la bañera. El agua tibia lava mi cuerpo, no mi desconcierto. Cierro la llave. Doy champú a mi cabello, me enjabono suave, y siento como si fueran las manos de Héctor que me acariciaran con aquella su ternura sensual en nuestra intimidad. Salgo de la ducha. Me siento ante el espejo del tocador para maquillarme, luego vestirme y salir a la Universidad a impartir mis clases. Evoco este último sueño: me veo caminando, sin premura, por una calle céntrica de Ithaca, New York, pero inusualmente desierta. No tengo idea hacia dónde voy. Nieva, y atardece. Me detengo frente a un escaparate de la tienda Macy’s, de repente siento que alguien toca mi hombro y como resorte, brinco sobresaltada, giro el cuerpo; frente a mí está una mujer delgada, hermosa, con túnica y manto de lino, que me dice: —Andrea, ¡deja de imitarme! ¿Entiendes? Voy a ser más explícita. No cometas mi error de pasar una veinte años tejiendo y destejiendo en espera de mi amado. ¡Qué desperdicio! Parece que mi personaje favorito lee la mente, porque yo siempre pensé que ella era el prototipo de la fidelidad, y de la paciencia en la espera. O supongo que vio mi mirada desconcertada e interrogante. Lo cierto es que, en el sueño, ella habló antes de que yo pudiera ni siquiera preguntar nada: —Veinte años es toda una vida; nada restituye lo que no se pudo hacer. En veinte años yo fui fiel, y estoy segura de que él no lo fue. Lo conocía demasiado bien; su vigor, su pasión, su valentía. Muchas mujeres se habrán enamorado de él; ¿y yo? yo cuidé Itáca, crié a Telémaco, me enfrenté a los pretendientes, que únicamente querían la riqueza de la isla. No, Andrea, ahora me arrepiento. Cuando él regresó, no nos entendimos más. Habíamos crecido separados. Él retornó a Itáca para darse cuenta de que fuera de ella sería más feliz. ¡Que no te suceda lo mismo! Estás a tiempo. ¡Olvida! ¡Vive! ¡Ama! Penélope se aleja. Se pierde en la oscuridad esa figura con porte real… y es cuando despierto bañada en sudor. Las palabras de Penélope: “¡Ama!” “¡Vive,!” retumban en mis oídos como tambores de guerra. Termino de maquillarme y me visto. Me miro en el espejo y me digo: “Nunca es tarde para empezar a vivir, Andrea”. Al terminar la frase, veo su rostro reflejado en el espejo, ofreciéndome una sonrisa de complicidad.

Published in: on November 12, 2011 at 6:06 pm  Comments (3)  

Published in: on October 1, 2011 at 9:22 pm  Leave a Comment  

Goodbye summer

The morning dew announces
The farewell of summer.
Leafy trees start their red
And yellow foliage
Anticipating their future
Nakedness.
Streams run
As if they knew that
They are going to freeze.
Blowing winds
Wither the smiling flowers.
The squawking of birds
Confirms their flight a warm corner.
Frightened deer look for
sustenance.
Travelers return to their work
Students to their books
Complaining children refuse
To leave their games.
The lover returns to his melancholy
For the love he lost in his audacity.
I contemplate the cycle of life
Awaiting with patience
The return of the
Burning sun.

Published in: on October 1, 2011 at 9:16 pm  Comments (4)  

Silence


By Beatriz Salcedo-Strumpf

I fell in love with you
Forever
One Paris afternoon
on a warm day
in the splendor of summer.
We went on different paths
nothing was ever the same
for me
I returned
full of lights
and happiness
Owned by the soft garden
that you planted in
my heart
You stayed
for a long time in Paris.
Our letters crossed the ocean
for more than
a thousand days
Your words stopped
one sad day
your heart
refused to love me
Or did it love me
how can I know?
We both followed
different paths
Three decades
have passed
since then
Fate reunite us
And once again
We celebrate the miracle.
But once again
You choose silence
And my only option
is to pursue with
my happiness

Published in: on June 1, 2011 at 5:50 pm  Comments (5)  

Undocumented


By Beatriz Salcedo-Strumpf

They call you illegal
Criminal
Job thief
Low-life
They point at you
Because of the color of your skin
Because you don’t learn their language
Because you’re “the other”.
Did they already forget
that your ancestors lived
in the land they claimed?
Did they ever question:
Who gives us our daily bread?
Who takes care of your children?
Who does the dishes and cleans the houses?
Who cooks in the restaurants?
Who mows your lawn?
Who does all those chores
That no one wants to do
for the minimum wage?
The changing arbitrary laws
Open their arms!
If they need you
And condemn you
Step on youScorn you
Blame you
For all their problems
If the situation worsens
What hypocrisy!
Who benefits
From your work and denies
A piece of land?
Undocumented
You are not alone

Published in: on May 27, 2011 at 8:21 pm  Comments (4)  

VIAJES

Buenos Aires, Argentina

Para mí, pensar en Argentina, me viene a la mente sus escritores que leí en mis clases de literatura, Julio Cortázar, Luisa Valenzuela, Silvina Ocampo, Jorge Borges, Ernesto Sábato, Estebán Echavarria, Bioy Cáceres, Bartolomé Mitre, al gaucho de la Pampa, representado por José Hernández, Bioy Cáceres.
Simón Bolívar y José de San Martín libertadores de Latinoamérica. La dictadura de los setentas, y su población en su mayoría de descendientes europeos.
El París latinoamericano, las majestuosas cascadas del Iguazú. También, me salta a la memoria, la representante de la clase trabajadora, Evita Perón, el inolvidable Carlos Gardel y el futbolista Maradona. Por supuesto, el erótico y seductor tango, que aprendí a bailar hace añales, el mate amargo, las deliciosas empanadas y famosas parrilladas, acompañadas de su buen vino.
Pues bien, de repente, se presentó la oportunidad de ir a Buenos Aires con el grupo de la Universidad de Oswego, donde trabajo. Mi esposo decidió acompañarme y así iniciamos nuestra travesía una de semana de marzo. El viaje desde Nueva York hasta la bella ciudad porteña fue largo, pero valió la pena. Nos hospedamos en un hotel muy cómodo, confortable y el excelente servicio, fue lo que más nos agradó.
Pronto iniciamos a explorar la ciudad y nos arrancamos a San Telmo. Por suerte, este barrio viejo europeo, los domingos se convierte en un mercado al aire libre, donde se venden artesanías típicas, souvenirs y otras cucherías graciosas. No está de más regatear. Además, aquí soboreamos las sabrosas empanadas de carne y queso con un exquisito vino de la región. También corrimos la suerte de deleitarnos del tango bailado por parejas expertas, que luego pedían dinero por su arte.
Ese mismo mismo día, decidimos caminar por la Avenida 9 de Julio, famosa por ser la más ancha del mundo. En esta avenida, nos sorprendió la cantidad de gente pobre que vive aquí. La mayoría eran inmigrantes del Perú, Ecuador, Brasil… Por esta avenida, pasamos por El Obelisco, que marca cuatro eventos importantes en la historia de Buenos Aires.

Tuve la suerte de charlar con un taxista peruano, que ya hacía años que vivía en Buenos Aires. Me contó que los argentinos en su mayoría eran “bien cheveres” con los inmigrantes. Sin duda, debe existir racismo como parte inherente del ser humano, pero es difícil darse cuenta en una semana.
En esta famosa avenida, me encantó ver a los caminadores de perros, la cantidad de negocios y el ajetreo y vaivén de los porteños en un día laboral . Ese mismo día, sin darnos cuenta, nos topamos en la Calle Florida, conocida por su bullicio y por su variedad de comercios y restauranes étnicos. De todas maneras, nosotros optamos, por una parrillada. No recuerdo el nombre del restorán, pero el servicio, la parrillada, la salsa criolla y el vino fueron de primera calidad.
El día siguiente, nos aventuramos al pintoresco barrio de La Boca, con gran sabor argentino, ya que una vez más, los tangueros ofrecían su arte en este lugar. También se pueden adquirir obras de artistas ambulantes. Para mi sopresa, ahí encontré escrita en unas de las paredes la famosa canción “Caminito”, compuesta en 1926.
De ahí, el grupo decidió ir al Cementerio La Recoleta, donde se encuentran enterrados famosos personajes ilustres argentinos como Mitre, Evita Duarte Perón y su familia y gente de la alta sociedad porteña.
El día terminó con una suculenta parrillada con chorizo, morcilla y otros tipos de viandas sin faltar un buen vino del país.
Nuestra travesía continuó con una visita al museo de MALBA (Arte Latinoamericano). Este museo está dedicado al arte latinaomericano y sus exhicibiones poseen obras de arte de Diego Rivera, Frida Kahlo, Alfaro Siqueiros, Fernando Otero, Antonio Berni, Wifredo Lam y muchos más. Lamentablemente, fuimos un día que el tercer piso estaba cerrado; por otro lado, el clima era estupendo, y para alguien que viene de New York, no se puede desaprovechar un día cálido y soleado. Por lo tanto, seguimos caminando por este barrio, disfrutando todo lo que nos ofrecían nuestro cinco sentidos.
Al día, siguiente, no podía faltar una clase de tango. Mi colega argentino, ya nos tenía planeada esta actividad. En realidad, fue un gran experiencia, tratar de volver aprender este erótico y artístico baile.
Por la noche, un taxista nos llevó a Puerto Madero. Ahí se respira el aire porteño porque fue lo primero, que estaba a la vista de los inmigrantes que arribaban de Europa a principios del siglo pasado.
No recuerdo el nombre del restorán, pero sí, la mejor parrillada que haya saboreadoen mi vida.
Nuestro ultimo día en esta bohemia ciudad bonarense, visitamos el La Plaza de Mayo, donde todavía se reunen las madres protestando por la desaparición de sus nietos en la dictadura de los setentas. En esto se muestra con crudeza en la película, “La Historia Oficial”. No muy lejos de ahí, se encuentra La Casa Rosada, donde vive la presidenta de Argentina, Cristina Krishner.
De ahí, nos dirigimos a admirar el Palacio Barolo, construido por el arquitecto italiano Mario Palanti. En este palacio, el arquitecto plasmó el espirítu de La Divina Comedia de Dante Aligheri. Fue una gran experiencia subir los 22 pisos, desde el sótano hasta la cúspide, en el cual se puede observar toda la ciudad bonarense.
Barolo construyó los 22 pisos con el prósito de representar las stanzas, que el poema de Dante representaba desde el purgatorio hasta el cielo.
El tiempo en esta bella tierra, se nos acabó, aunque todavía nos quedaba mucho por explorar. Tendremos que retornar a la tierra del gaucho

Published in: on April 16, 2011 at 7:09 pm  Comments (4)  

LOS VIAJES

Siempre es agradable pensar en las vacaciones y muchas veces significa travesías memorables e inolvidables. A mí en la particular me encanta viajar a lugares desconocidos porque me permite conocer nueva gente, su historia, sus tradiciones, su gastronomía, su arquitectura, su clima e idioma y otros etcéteras.
Otras veces, prefiero volver a mi lugar de origen, porque deseo retornar a mis raíces; disfrutar de la calidez del sol; saborear de los platillos de mi infancia y juventud; charlas con los viejos amigos; leer el acontecer mundano en los diarios; echar una miradita en las librerías y descubrir las novedades, que nos brindan los autores: y ¿por qué no hacer tiempo para la reflexión o simplemente, imitar a los felinos hedonistas? … Y por supuesto, recargar las pilas para otro semestre lleno de ajetreos.
Pues bien, el arduo labor de todo un semestre finalizó. Y las anheladas vacaciones, inician su vuelo, aunque muchas veces nos topamos con eventos inesperados fuera de nuestro control. Por ejemplo, la aerolínea, en la cual hice mi reservación, me manda un email, comunicándome que mi vuelo se ha cancelado y debo tomar otro. Esto significa que perderé un día de asueto y una reunión importante. No vale la pena enojarme o quejarme.
Hago mi maleta, y de repente, me doy cuenta que se va la luz. Lo primero que pienso es que no podré sacar el auto del garage. Me apresuro a llamar a un taxi para que me lleve al aeropuerto. La electricidad retorna y canceló el taxista. Mi hijo me lleva al aeropuerto. Tan pronto, checo mi vuelo, la agente de viajes, me comunica que hay un retraso tres horas, debido a una tormenta de hielo en Atlanta. Añade, que existe la posibilidad, que el vuelo se cancele. Aguardo con paciencia los ciento ochenta minutos. Por fin, escucho la salida de mi vuelo y sin ningún inconveniente, arribo a Atlanta. Reviso de inmediato, mi siguiente vuelo la pantalla, y por suerte el mío, saldrá a tiempo. Duermo placidamente durante el viaje.
Uf, ¡Llegó a mi lugar de origen, pensando! Ahora que piso tierra, creo que puedo realizar hacer to lo que mencioé, previamente. Ah, ¡benditas vacaciones

Published in: on January 22, 2011 at 7:43 pm  Comments (5)  
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